miércoles, mayo 01, 2013

Vejez

Teresa solía hablarme mucho de Clarita, entre otras personas de edad bastante avanzada. De todas las historias disímiles que terminaron por desembocar en un mismo punto, ninguna me impresionó tanto como la de esta mujer, Clarita. Quizás fue porque cuando oyes hablar tanto de alguien tan peculiar, pareciera que la imaginación distorsiona el contenido, terminando por no saber qué es real y qué no. Pero conocí a Clarita en persona y eso ancló todas esas historias que había escuchado en un hecho tangible: Clarita existía.

El problema de la soledad en la vejez es un hecho que por más que se quiera y trate, no se puede prever. Teresa misma, viuda de 86 años, tenía 5 hijos y 10 nietos. Vivía sola en un edificio enorme y, aunque los 2 hijos que vivían cerca de ella trataban de visitarla una vez cada 2 o 3 semanas y los que vivían lejos la llamaban frecuentemente, la realidad de su soledad diaria era incuestionable. Por eso llegué yo a vivir con ella, y por eso me enteré de tantas historias. Decían que Clarita estaba cerca ya de los 100 años, le calculaban 96 o 97 y tenía fama de haber sido una mujer extraordinariamente hermosa, tenía tantos pretendientes que, como decidir implica también renunciar, optó por no decidirse por ninguno. Pasó el tiempo y terminó viviendo con su madre y su hermana, hasta que ellas murieron. Entonces se quedó completamente sola.

El caso de Paquita fue distinto, ella se había casado con el sastre del rumbo y tuvo dos hijos. El primero murió en un accidente siendo muy joven, después ella enviudó y su segundo hijo murió de cáncer estando casi recién casado. También se quedó sola, sin hermanos, ni sobrinos, ni nietos. Vivía al cuidado de las vecinas que trataban de estar al pendiente de ella.

Inmaculada había conocido el amor. Tuvo un pretendiente que luchó por ella años. En un principio pobre y de extracción social baja, hizo todo lo posible por ser digno a los ojos de la familia de Inma, quienes no lo aprobaban y pese a que hizo fortuna, no lo aprobaron. Inma también se quedó sola.

El problema de la vejez y la soledad suele acompañarse también de escasez de recursos económicos. Clarita podía pasar días sin comer si nadie se acomedía a llevarle cualquier cosa, además de que muchas veces la pobre no podía siquiera recordar si había comido o no. No tenía idea de la noción del tiempo ni del paso de los días, solo distinguía el día de la noche, porque para su asombro, su madre y su hermana comenzaron a visitarla por las noches, oía claramente cómo abrían la puerta y entraban, platicaban y reían, para desaparecer después al día siguiente. No entendía porqué tardaban tanto, porqué no regresaban antes, no sabía a dónde habían ido y le preocupaba que algo les hubiera pasado. 

Clarita vivía en un tercer piso y era muy recelosa para recibir gente. Tenía miedo de que le robaran joyas y alhajas que conservaba desde su juventud y que además, usaba todos los días. Clarita podría haber perdido el juicio pero no el glammour. Un domingo, Teresa me pidió que la acompañara a verla, le llevaba unas bolsas con despensa y quería que le ayudara. Yo acepté encantada, quería conocer a esta mujer.
–¿Eres tu, Teresa? –nos preguntó al oír el timbre.
–Soy yo, y vengo con Ichi –respondió Teresa.

Clarita abrió la puerta con recelo, sin duda no recordaba quién era Ichi. Me examinó, vio que iba cargando las bolsas y luego de un momento, nos dejó entrar. La entrada al apartamento era oscura y caminamos por un pasillo hasta una pequeña sala de estar, Clarita iba por delante, caminando con pasitos arrastrados y una joroba que casi no me permitía verle la cabeza. Al llegar al salón, jaló un cortinal para dejar pasar la luz y entonces se volteó. Me quedé estupefacta. Clarita tenía un rostro envidiablemente hermoso. Conservaba el tono oscuro de sus ojos andaluces e inclusive cierta vivacidad. Pero había algo más y no lograba discernir qué era. Su escasa cabellera completamente blanca estaba recogida en una especie de chongo mal hecho que le daba cierto aire elegante. En general sus ademanes y gestos eran los de una muchacha de buenos modales, con todo y joroba su postura al sentarse denotaba personalidad, presencia. Tenía puesto un vestido negro y en cada dedo anular llevaba sendos anillos de relucientes piedras, que no quise ver con más atención por no levantar sospechas. Llevaba también un crucifijo de filigrana en oro, precioso.  Todos esos elementos conformaban la imagen de Clarita y yo sentía que había algo que todavía no había podido descifrar. Mientras hablaba con Teresa sobre quién era yo y qué hacía ahí, yo miraba sus gestos. Entonces volteó a verme con lo que parecía ser una suerte de sonrisa enmarcada en unos labios inmóviles. Mi sorpresa fue tremenda, Clarita no tenía una sola arruga. Sin exagerar, ni patas de gallo, ni en las comisuras de labios, nada. 

¿Sería Clarita la versión femenina de Dorian Gray?
No. Solo le habían enseñado a sonreír por dentro y seguía practicando.
Conserva de belleza que ya nadie mira, curtida en soledad.

viernes, abril 05, 2013

Mimesis

Ayer maté a Gregorio Samsa. Llevaba días anunciando su presencia sin dejarse ver, rascando el tubo de la coladera por la que seguramente entró. Me despertaba para después quedarse callado, vigilante. El juego del gato y el ratón (yo el ratón, por supuesto). Profeso el respeto a todos los seres, pero ayer cruzó la línea, cuando me dijo que debería ser como ella. Comenzó a escalar entonces por la cortina, mostrándome su cuerpo por vez primera. Esperé que saliera por la ventana pero siguió subiendo y prosiguió su camino por el techo, agarrándose con sus patas de púas. Iba a caerme encima. Le aventé un zapato y se precipitó al suelo, echándose a correr de inmediato para esconderse. Seguía ahí, repitiéndome su nombre y resbalando sus patas por las cuatro paredes. Quería echarlo, sacarlo de cualquier manera, cuando apareció de nuevo trepando por la tela, listo para subirse de nuevo al techo. Sacudí la cortina y cuando cayó al piso lo machaqué sin misericordia alguna con el tacón de mi zapato. 

Hoy, las costras de sangre me escaldan toda la espalda.


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lunes, marzo 25, 2013

Pacto de ficción

"Mal que nos pese, todos somos ficciones. Ficciones verdaderas."
Jorge Volpi

En el libro Leer la mente, Jorge Volpi hace un brillante análisis del proceso creativo, el cual, además de ilustrarnos con respaldo científico sobre el funcionamiento del cerebro y el proceso de la percepción, nos brinda también una lectura cálida aderezada con geniales chispazos de humor. Admito que no he terminado de leerlo todo, pero es mucho lo que ya me puso a pensar. Más allá de imaginarme a los cavernícolas relatando historias (ficciones) a la luz de un fuego recién inventado y de contagiarme del gozo que produce el poder trasladarse, aunque sea momentáneamente, a la mente de otro ser, me hago consciente de los alcances de la ficción en la vida diaria y de la cantidad de pactos que aceptamos, sin una verdadera conciencia, para llevar una vida "políticamente correcta", entre otras cosas.

Ventaneando a otro querido amigo, quien ocupa el noveno lugar en una serie de diez hermanos, ejemplifico esto de los pactos "decentes" de ficción. Resulta que como todo buen estudiante universitario, interesado plenamente en su carrera y en su novia, se veía en ocasiones obligado a matar los dos pájaros de un tiro, cuando se acercaba algún examen para el cual resultara más fácil estudiar juntos que separados:
–Me quedaré a dormir en casa de mi novia –avisaba llanamente a sus padres. Los señores, digno ejemplo de la decencia más irreprochable, ponían el grito en el cielo: 
–¿Cómo es posible tanta desfachatez? 

El décimo hermano hacía exactamente lo mismo:
–Me quedaré a dormir en casa de mi primo Javier –afirmaba mirando alternadamente los ojos de sus padres.
–Está bien hijo, que te vaya bien.

Todos sabían que mentía. Todos sabían que se quedaba con su novia. Todos fingían que se quedaba  en casa de su primo, incluso cuando éste aparecía de pronto de visita. En esos casos el pacto se veía apenas levemente fragmentado, porque nunca faltaba la hermana o hermano misericordioso que salía al paro, como un dramaturgo emergente, restaurando el guión inventándose una nueva historia. Ante la misma situación, el hermano 10 que mentía era decente y el hermano 9 que decía la verdad era indecente. ¿Cómo explicarse esto?

"Como yo no puedo saber si tú tienes una consciencia semejante a la mía, me conformaré con hacer como si la tuvieras", dice Jorge Volpi.

Vaya reflexión... 

... como yo no puedo (o no quiero) saber si me quieres como yo te quiero a ti, me conformaré con hacer como si me quisieras...
...como yo no puedo saber si te das cuenta de las cosas, me conformaré con hacer como si te dieras cuenta (o no)... a conveniencia

Autoengaños, idealizaciones, mentiras piadosas, complicidades, películas, libros, religiones, filosofías...

La verdad no peca pero incomoda.

Somos ficciones verdaderas, inclusive la mismísima verdad.


viernes, marzo 22, 2013

Válgame Dios!

No soy católica. Lo fui un tiempo, por haber crecido en una comunidad en la que quizás más por costumbre que por convicción se profesa esta fe. Tampoco soy anticristiana, como tampoco soy antimusulmana ni anticualquier creencia que se le dé la gana a la gente profesar. Me importa un pepino. Un tiempo me gustó la idea del politeísmo. Me parecía más fácil venerar al dios de la lluvia o al del aire que a uno solo que me costaba comprender. Sin dejar eso de lado, me he ido adentrando en la práctica de la meditación, el yoga y en filosofías orientales, que me gustan por su practicidad y por ser básicamente de este mundo, no del más allá. 

Sin embargo, por alguna razón, me ha tocado vivir muy de cerca con personas verdaderamente católicas, creyentes y practicantes. Tengo que reconocer que varias de ellas se han ganado mi admiración total por su coherencia y ejemplo de vida. La última, una viejecita de 86 años con quien conviví en Sevilla, era la quintaescencia del catolicismo. Perteneciente al opus dei. Con eso digo todo. Puso a prueba toda la ecuanimidad que pude haber obtenido con mis prácticas de meditación. Entre otras cosas, tenía que ir a misa diario. DIARIO. Escuchar todo el tiempo rezos, rosarios, bendiciones, plegarias, María visión, radio María; entre imágenes de vírgenes, santos, Cristos, sagrados corazones, cirios, y demás objetos de culto. Aunque parezca increíble, esta señora también se ganó mi respeto, aunque tuve que padecerlo todo un año. Con su ideología recalcitrante, retrógrada y cerrada, esta mujer también resultó ser una persona coherente, entregada; que desde sus posibilidades y sus años hacía servicio a los demás... aunque a mí cómo me daba lata. 

Me quejé hasta el cansancio. Mis amigos seguramente ya estaban hartos de escuchar la misma cantaleta... pero necesitaba desahogo. Estando de vuelta en México, lo último que quería escuchar era la palabra dios, pero la ley de Murphy existe. Me fui reencontrando con gentes que por una cosa u otra me hablaban de la biblia, de orar con fe, etc. etc. etc. Un poco harta, comencé a entrever cierta fatalidad del destino... ¿Qué significa todo esto?

Algunas gentes me conocen bien. Algunas de ellas, aún conociéndome bien, me quieren. Dos o tres me quieren mucho. Una de estas personas, un amigo entrañable al que yo adoro con todo el corazón, me quiere mucho y además, siempre está preocupado por mi bienestar. Me sigue la pista a donde quiera que vaya y nunca deja de estar al pendiente, pronto a echarme la mano con cualquier cosa que pueda necesitar. Al ver mi modesta forma de vida de desempleada recién llegada, me ofreció una televisión con dvd que por casualidad, tenía de más. Él sabe que prefiero el espacio a las cosas, y que no suelo ver tv, pero me convenció por el lado de las películas con palomitas. Encantado de que hubiera aceptado su sugerencia, llegó como los reyes magos con su preciado regalo. Instaló la tele, con su respectiva antena y también el dvd. Si algo puede salir mal, saldrá mal, en el peor momento. Feliz como todo hombre al saberse útil y apto para esas cosas que, en este caso yo, ignoro totalmente, entre cables, enchufes y adaptadores, me muestra el broche de oro: un video de María visión.

Un video de María visión.

María visión.

Un video.

Lo miro. Lo abro con la esperanza de que haya otra cosa adentro. Algo como El último tango en Paris o la última de Harry Potter. Nada. Es un video de María visión. Tal cual. Genuino y original.

Miro a mi amigo. No sé si es broma. No sé si se burla abiertamente de mi. No entiende qué me pasa. Quiero gritar, aventar el video, reír y tenderme en el piso a patalear. Me mira perplejo. 

–¿Qué demonios es esto? Le pregunto tratando de disimular esa especie de ira, mezclada con risa e histeria.
–Es un video de María visión, qué, ¿ya lo viste?



¿Quién es este hombre? 
¿Es él quién escuchó mis lastimeras quejas todo un año?
¿Siquiera sabe mi nombre?



–Es lo que tenía a la mano, me dice con sus ojitos de inocente.

Ni cuando me dijo que su novio se llamaba Alberto, y que yo lo conocía, me causó tanta sorpresa.









martes, marzo 12, 2013

Control

Tener control. Frase sencilla. Son tan pocas las cosas que en realidad podemos controlar que si me pongo a pensarlo bien, no me viene ninguna a la cabeza. ¿Realmente habrá algo que podamos controlar? Estamos a merced de tantas circunstancias que aún las cosas que creemos más seguras pueden desmoronarse ante cualquier hecho imprevisto. 

Hoy, Lidia, la muchacha que ayuda a hacer el aseo en casa de mis padres, me contó sobre una prima suya, que apenas paría un hijo y a los tres meses ya estaba embarazada de otro. La cuenta iba ya por los 6 chamacos y la pobre mujer desesperada, no sabía qué hacer al respecto. Sorprendida, se dio cuenta de que la hija de su patrona había tenido un niño y no había vuelto a embarazarse, así que le preguntó cómo le hacía. 
–Me controlo, le respondió.

La muchacha meditó estas palabras mientras amamantaba a su último hijo y decidió que ella también quería controlar la situación para no embarazarse más. Total que a los pocos meses volvió a salir embarazada. También sorprendida, la hija de su patrona le preguntó por su método de control.
–Es que yo sí puedo controlarme, pero mi marido nomás no se aguanta y me embarazó otra vez...

Luego de las risas provocadas por la ingenuidad de esta muchacha me quedé pensando en la ironía de que algo fácilmente controlable, en quizás al menos un 90% de los casos, se vuelva incontrolable por la simple falta de información. Así es mi país. Hay gente que no sabe todavía que se pueden tener hijos o no a voluntad, en la mayoría de los casos.

En fin, que ya somos muchos y parió la abuela...


martes, enero 01, 2013

martes, septiembre 18, 2012

medronho

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Cohen y el Diavolo.
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(w.t.f.)
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Y la luz de Alentejo
que tiñe mi piel
com saudades do medronho.
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martes, agosto 28, 2012

Ultramar




Sombra se extingue en Alentejo
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Las rúas empedradas
aúllan ante el alarido
solar que las araña.
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Blancos los picaportes
exhalan
aires que a lo lejos se tornan
perennes.
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En algún otro tiempo
el viento rozará tu cara y
maquillará tu rostro
con partículas de esta misma piel
que fallece ante su caricia.
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Se marchita la cáscara. Ausencia
marca el redoble.
.
Ocaso insiste
en hundirse
hacia
ti.

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viernes, julio 06, 2012

En ti



En ti.
En tu epidermis.
Fundida en tu sudor
en tus esencias.
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Rastreo el hierro de tu sangre,
me consumo en tu hemoglobina.
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Estoy en ti.
Permeada en tus humores
entre tu aliento y saliva.
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Te busco
y trato de encontrarme
en la guarida de tus venas.
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Habito en ti.
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En una sola carne
dividida.
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Voz


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El eco sordo de un timbre lejano
habita de pronto mis días
gesticulantes.
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El pecho, el cabello, los ojos,
las manos.
.
Tus manos.
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Entrañas de un templo remoto
del que pende mi vida.
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Cuna del ámbar.
Fuelle de mis sentidos.
Métrica de mis días.
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Hálito tenue.
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Encapsulado.
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