lunes, abril 11, 2011

Niña de viento

Lo que más quería en la vida era una bici de carreras. Sentía que la necesitaba aún más que las proteínas de los frijoles que eran indispensables para la salud. Sin esperanza alguna, trataba de ahorrar lo suficiente, pero para mí era una cantidad estratosférica, tendría que juntar regalos de navidad y cumpleaños y muchos domingos. Soñando y haciendo cálculos me fui a meter al cuarto de triques y de pronto, ahí estaba. Toda roja, de diez velocidades y con un gran moño para regalo. Estupefacta, no podía creer ese gesto de mis padres, luego del asombro inicial me vino un tremendo remordimiento de conciencia por todas las maldades que les había hecho, secretamente prometí ya no hacer más. Sin embargo, el regalo no era aún oficial, la tenían escondida para darme una sorpresa, así que tendría que aguantarme las ansias.
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Esa tarde tenía clase de piano y mi maestra se había convertido en una gran amiga de la familia, que a veces se quedaba con su hijo a pasar el fin de semana en mi casa. Cuando estábamos a punto de cenar, mi padre sacó la bicicleta y dijo que era un regalo para ella.
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Sentí como se me cuarteaba todo por dentro y cómo se desvanecía mi sangre. Necesitaba más frijoles que nunca. Me diluí.
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Tiempo después, mi padre me regaló la bici que el usaba y en ella recorrí muchos caminos, cronometraba meticulosamente mis tiempos con la ilusión constante de ir a las olimpiadas algún día.
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Sin embargo, lo que más disfrutaba era que luego de pedalear por un tiempo dejaba de ser yo, para ser
sólo
viento.

2 comentarios:

Víbora dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Víbora dijo...

Me ha encantado la entrada,yo también me siento bien cuando voy en bicicleta y el viento me da en el rostro,me olvido de lo demás y me sumerjo en mis pensamientos.
Por cierto,he eliminado el otro comentario porque lo había publicado dos veces :S .Un saludo,sigo tu blog:)