sábado, febrero 02, 2008

tercera crónica de un alucín perpetuo


Zamba para no morir.

Escuché por primera vez a Mercedes Sosa un día que viajaba sola en la parte trasera de un auto, mientras Juan y Carlitos seguramente hablaban de cosas intrascendentes en la parte delantera. Me llamó mucho la atención sobretodo su voz; así que al día siguiente me dirigí a discolandia y, como era mi época de bonanza, compré lo que encontré de ella: "De mí" y "30 años". Poco a poco me fui haciendo de sus demás grabaciones y pasó a ser parte fundamental en mi vida. Como músico soñaba con poder decir cosas con el piano con tanta intensidad como lo hacía ella con la voz; como persona era un ejemplo de convicción, tesón y lucha; y como mujer, admiraba la mezcla de un carácter firme y decidido con toda la ternura y dulzura del planeta.

Pensaba en Mercedes como un mito lejano e inalcanzable, tenía mas de 8 años sin pisar tierras mexicanas, creía que a lo mejor cantaría alguna vez en Argentina, así que por si las dudas, comencé a ahorrar. Cuando uno admira tanto a un ser vivo, hay que conocerlo, era mi única certeza. Al poco tiempo supe que vendría un 23 de marzo... me puse como loca, ¡el sueño hecho realidad!, podría verla en mi propio pais. Inmediatamente Juan y yo compramos boletos y comencé a contar los días y a hacer planes. Que si alguien podría investigar en qué vuelo llegaría e iría a recibirla con flores; que si una amiga reportera podría averiguar dónde se hospedaría y conseguir un pase de prensa para entrevistarla... al final nada funcionó. Llegué al día del concierto sin una sola pista de qué haría Meche en su estancia en México. Sin embargo, yo no perdía las esperanzas de poder decirle cuánto la adoraba, así que antes del concierto fuimos a comer en Polanco, y al pasar por el mercado le compré un ramo de rosas marmoleadas. En una hoja toda cucha que nos regaló el mesero le escribimos: ¡Te amamos Meche! y ¡viva Tucumán!. Yo pensé que aunque sea podría llevárselas al escenario... pero me las quitaron en la entrada del auditorio nacional. Yo les decía que solo eran flores, que ni que fueran una bomba o algo así... pero un guardia de seguridad no es flexible. Tuve que dejarlas en la entrada y ahora sí, perder las esperanzas. Entramos y el concierto fue el más sublime que hubiera yo escuchado en mi vida... tanta gente emocionada, ella misma entregando todo, llorando cuando cantó "la cigarra", "agitando pañuelos"... y yo, perdida en la estratósfera; pero, afortunadamente, no tanto como para no reaccionar a la hora en que ya no cantaría más, lo supe de inmediato, me levanté y salí corriendo a recoger mis flores y Juan tras de mí. Como rayos llegamos a la parte de atrás del auditorio con la esperanza de verla salir y aunque sea entregárselas en su coche; en la puerta había otro guardia, literalmente le supliqué que me dejara darle esas flores a Meche, yo repetía implorante que no eran bombas ni gases, eran rosas marmoleadas, le decía que las dejaba ahí y me salía de inmediato, que solo le pedía un minuto de gracia, que si quería podía esposarme y entrar conmigo para asegurarse de que no hiciera ningún desmán... aunque parezca increible, el guardia iba cediendo. Para mi buena suerte iba a salir en ese momento una muchacha que había sido la encargada de preparar los canapés para el brindis de después del concierto, llevaba un gafete rojo con una M blanca al centro, miembro del staff. También le supliqué a ella, le rogué que me prestara su gafete para entrar, dejar las flores y salir... ¡bendito corazón de pollo que tenemos las mujeres! se compadeció de mí y me regaló el gafete, que ahora está orgullosamente colgado en una pared de mi cuarto; el poli, con el gafete en mi cuello se sintió mas en confianza para dejarme pasar, pero me advirtió que no podría traspasar cierto "umbral", que tenía que esperar a que ella saliera para no interrumpirla en su fiesta.

A partir de ahí mi recuerdo es todo nublado, especialmente porque las lágrimas corrían y corrían por mis ojos. No podía creerlo, estaba ahí, a un paso de mi amada Meche, oyendo su voz a lo lejos, su risa, con mi ramo de flores y mi carta, esperando a que saliera... como soy muy obediente, no me movía de ahí, esperaba en silencio y llorando. En eso un hombre me toma del brazo, yo casi brinco hasta el techo y me dice... - Pero vos... ¿que hacés aquí?, Yo apenas pude medio balbucear que esperaba a que saliera Meche para darle mis flores, que no eran una bomba. - Pero qué no ves que no está aquí? está por acá, vení... y del brazo me llevó directamente a ella, y en medio del brindis me la presentó. Era su hijo Fabián.

Yo creo que por esta razón Meche me dio un abrazo, leyó mi carta, recibió mis flores y se quedó tomada de mi brazo por un tiempo que no sé cuánto fue... yo seguía llorando, por supuesto, y entre mis recuerdos borrosos reconozco a varias personalidades de la farándula que ma pasaban pañuelos kleenex, y decían enternecidas... es que la quería conocer, ahh... también recuerdo a algunos rockeros greñudos que hablaban con ella, a un expresidente argentino con el que brindamos, diplomáticos chilenos, los embajadores de argentina, todos hablando con ella y yo, a su lado. Cuando salí de ahí Juan todavía estaba ahí, bastante "incoforme", diría yo, pues el se tuvo que quedar afuera esperando.

Luego de eso fuimos a verla al Zócalo, Miren, Juan y yo. Me quedé alucinando con estos acontecimientos mucho, mucho tiempo. No podía platicar la historia sin volver a llorar de la emoción. Hoy, que ya han pasado poco mas de 10 años de estas historias, Meche sigue siendo mi compañera; pude escucharla en otra ocasión 2 días seguidos en el Metropolitan y el pasado 23 de noviembre también ahí; que fue un concierto doblemente emocionante porque además de Miren, mi eterna cómplice, se unió Saúl y mi amiga Luz, que es mi amiga por Meche, y vino de Monterrey solo para verla.

Yo pensaba que difícilmente Meche regresaría a México, había estado delicada de salud y la altura de la ciudad no sería buena para ella; sin embargo, la canción del título de su último disco, "Corazón Libre", me acompañó todos los días en la época mas triste y agónica que he tenido en mi vida, y junto con "Solo se trata de vivir" se convirtió en mi himno de supervivencia y grito de guerra con el que poco a poco salí adelante.

De pronto, se abrió el telón una vez más y apareció hermosa, linda, fuerte, cantando a capella "Zamba para no morir", "la canción es urgente", y "corazón libre".

Meche del alma: con catarro, con altura, con lo que sea, no dejas de ser tu; espontánea, simpática, sarcástica, fuerte, dulce y expresiva. Quizás sea porque, como comentaste en aquel primer concierto en que te vi, creciste en un lugar de grandes árboles, que te dan la serenidad necesaria para poder cantarnos; pero al igual que ellos tus raíces son hondas, firmes y arraigadas a esta Tierra, de la cual brotas, para darnos aire, para darnos vida.

2 comentarios:

Fusnes H. dijo...

ahhh, carajo, casi me haces llorar con esto, es de los recuerdos que me gustaría robar, es de las actitudes que me gustaría tener sólo de vez en cuando.
SAludos, no había pasado por tu blog pero me gusta mucho

Seneca Mood dijo...

Gracias por tu comentario en mi blog. Yo también admiro mucho a Mercedes Sosa, aunque, tras leer tu post, me parece evidente que no alcanzo tu devoción.
Si te interesa la música, tal vez disfrutes mi blog específicamente dedicado a ella:
http://todaesamusica.blogspot.com

Un abrazo cordial.